domingo, 18 de septiembre de 2011

Basura urbana

Además de contenedores desbordados, bolsas de basura rotas y desperdigadas, papeleras rebosantes y miles de papeles, plásticos y otros residuos que invaden nuestras calles, hoy quiero tratar un asunto que me preocupa, y es la invasión del espacio público por miles de artefactos, inservibles, inútiles que van reduciendo calidad y cantidad de nuestro cada vez menos apreciado espacio público.
Este post, que me ronda por la cabeza hace ya meses, nace de la contemplación, cada vez que paso por allí, de la rampa metálica que instalaron con motivo del Manifesta 8 en el edificio de la antigua sede de Correos, en Murcia.
La rampa abandonada desde enero de 2011


El Manifesta 8 terminó el 9 de enero de este año, y ahí sigue la rampa, como podéis ver en la foto que hice esta semana. La rampa cumplió su función, la de dar accesibilidad al evento durante el tiempo que duró. Pero ahora el edificio está clausurado, a la espera de que una operación especulativa lo convierta en un bloque de 6 plantas destinado a casino.
Yo me pregunto ¿es posible que nadie, después de 8 meses, haya reparado en que esa rampa estorba? Esa rampa estorba, ocupa espacio público, es desagradable visualmente, peligrosa para niños… en fin, todo lo que se os ocurra.
La única respuesta que me cabe es que hay una absoluta desidia, desinterés y dejadez por parte de nuestros gobernantes en Murcia, y que poco o nada les importa nuestro espacio público.
Esto de la rampa es sólo un ejemplo, pero nuestras calles están colapsadas de artefactos.
Señales de tráfico, semáforos, señales indicativas… cada una en un mástil distinto, a pocos centímetros de distancia, imposibilitando la limpieza entre ellos, pasar con un carricoche o un paraguas abierto, y no digamos con una silla de ruedas.
Paneles publicitarios, mupis, cabinas telefónicas, paneles de información turística, quioscos de prensa, quioscos de bebidas o flores y un largo etcétera, llenan también, de manera autorizada, nuestro espacio público, haciendo cada vez más difícil andar tranquilamente y disfrutar de la ciudad.
Capítulo aparte merecen las terrazas, en las que no solamente sillas y mesas, sino sombrillas, toldos, toldos con laterales, estufas, maceteros, y estructuras que parecen auténticas casas en mitad de la calle, impiden literalmente cruzar algunas plazas de nuestro centro urbano.
Todo ello autorizado, para mayor recaudación del impuesto o tasa sobre ocupación de la vía pública, pero sin ningún control de estética, organización y disposición de cada artefacto. Y todo ello va disminuyendo nuestro atractivo comercial, turístico y estético, y la calidad de nuestro espacio público, que aunque parezca una obviedad, es de todos.
Por no hablar de los artefactos “no autorizados”, que merecerían un estudio aparte, y que quizás otro día referiré: carteles publicitarios de bares, restaurantes y comercios que se amarran a farolas o semáforos con cadenas y se despliegan en la acera con total impunidad, sin que ningún gobernante político de nuestra Murcia haga algo por despejar y dejar el espacio libre para todos.
¿Estamos ante la privatización también de nuestro espacio público?

sábado, 25 de junio de 2011

Monopoly, edición Murcia

Hace un par de años nos desayunamos con la noticia de que la multinacional juguetera Hasbro lanzaba la edición murciana de su juego más clásico, el Monopoly, dedicado a las transacciones inmobiliarias y la especulación como divertimento.
En la hemeroteca podemos comprobar lo especialmente significativa que fue la asistencia a dicha presentación de nuestro Alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, en pleno mes de diciembre de 2007, es decir, en el momento justo de iniciarse la mayor crisis del mercado financiero e inmobiliario mundial, español y de la Región de Murcia.

Y significativa fue, porque el alcalde no sólo ostenta la máxima representación de los murcianos, sino que además era el Presidente de la Gerencia de Urbanismo de Murcia, que sorprendentemente acaba de desmantelar. Lo que no sabemos es si asistió al evento en calidad solamente de Alcalde, o para demostrar sus amplios conocimientos del juego en cuestión.
La realidad es muy tozuda, y se impone a las casualidades, puesto que en esa fecha se acababan de suscribir los dos últimos convenios de la Zona Norte del municipio de Murcia, en lo que supuso la culminación del modelo del urbanismo a la carta, llevado a la máxima expresión por el equipo de gobierno del consistorio murciano.
Lo explicaré en términos sencillos, huyendo de lenguaje técnico. Cual si fuera un tablero de Monopoly, el Plan General de Murcia, aprobado en 2001 en solitario por el PP, permite en determinadas zonas como la norte, que los propietarios de suelo se lancen a una subasta de ofertas, compensaciones, contrapartidas y demás aspectos urbanísticos, a cambio de que el ayuntamiento les multiplique por cinco veces la capacidad de edificar en dichos terrenos.

Viviendas Monopoly en Hageneiland, La Haya. MVRDV, 2001
Y todo ello sin que los términos de esa negociación sean conocidos hasta que el borrador del acuerdo, el famoso “convenio urbanístico”, aparece ya redactado para su aprobación en el Pleno Municipal.
Es decir, que lo que debería ser una planificación ordenada y razonable del territorio, en función de las necesidades demográficas, sociales y urbanísticas de la ciudad, queda anulada por la negociación a la carta, y la planificación a golpe de convenio.
Todo ello nos convierte en una ciudad sin modelo de crecimiento, con grandes desigualdades por zonas, con gravísimas carencias de infraestructuras en las zonas de convenio (no insistiré en que se tarda más en llegar Nueva Condomina en un día de fútbol que ir hasta Cartagena), y con una densidad de edificios desmesurada, que veremos crecer en las próximas décadas. Esperen a ver toda la zona norte plagada de edificios de 12 a 15 plantas, con unas 25.000 viviendas.
Y a cambio de todo eso, nuestra ciudad quedará hipotecada de por vida, porque las infraestructuras y los edificios no se pueden mover como las casas y hoteles de plástico del Monopoly.
Y en contrapartida ¿qué obtenemos los murcianos?: las migajas de los beneficios multimillonarios que obtienen los propietarios que suscriben los convenios. Unas migajas que apenas nos darán para cubrir los gastos de las incontables carencias de las nuevas zonas: cientos de policías de regulación los fines de semana, la instalación posterior de un tranvía, el gasto en duplicar puentes a posteriori, las miles de horas perdidas en atascos, etc.
Es decir, que en la mayoría de estos convenios, podrían haber primado los intereses de los propietarios de suelo, por encima de los intereses generales de los murcianos, a quienes se supone que debe representarnos el Alcalde, que estampó su firma en todos y cada uno de los convenios.
Así que ya tenemos la partida perfecta configurada: el Plan General de Murcia como tablero de juego; la zona norte como casillas más cotizadas; edificios de hormigón en sustitución de casas y hoteles de plástico; billetes de 500 en lugar de dinero Monopoly; y unos jugadores a los que todo el mundo conoce. ¿Y la banca?: seguramente quedó en bancarrota.
Lo malo de esta partida, es que algunos jugadores, no tuvieron en cuenta al empezar a jugar, que hay una casilla que impide jugar durante tres turnos seguidos. Cada cual que tire sus dados.

miércoles, 8 de junio de 2011

Ocho años de urbanismo... A modo de despedida.

Aprovecho esta entrada de mi blog para transcribiros el contenido de la carta que he remitido a todos los contactos que he hecho durante estos ocho años de oposición en el Ayuntamiento de Murcia.

Estimados/as compañeros/as y amigos/as

Soy Marcos Ros Sempere, y os escribo estas líneas de despedida como concejal en funciones del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Murcia. Aprovecho esta ocasión para agradeceros a todos la confianza que habéis depositado en la representación política que desde el Grupo Socialista he ostentado. Han sido ocho años intensos de actividad, trabajando por un modelo urbanístico más justo, equilibrado, sostenible, y diseñado a la medida de los ciudadanos, frente al modelo dictado por los poderes económicos o mediáticos.

En el Salón de Plenos del Ayuntamiento


Entre los temas que más tiempo me han ocupado, algunos han calado en la conciencia colectiva, como la lucha contra los convenios especulativos de la Zona Norte y las recalificaciones en el Campo de Murcia, o la apuesta por una regeneración del Barrio de La Paz promovida por la iniciativa pública. Aunque ha costado mucho esfuerzo, pasado el tiempo, algunos de ellos van dando frutos.
También la atención a ciudadanos en sus demandas personales o colectivas, que en ocasiones hemos conseguido solucionar, y que otras veces han sufrido el rodillo del gobierno Popular. Entre ellos no me quiero olvidar de los vecinos de Senda de Granada, los realojados del CR5 y CR6, y tantos otros que me han mostrado el rostro humano de la política.
He intentado impulsar nuestras propuestas para un urbanismo diferente, trasladadas en los Plenos celebrados en estos ocho años: regeneración de la Cañada Real, prolongación de la Ronda Sur, impulso al Plan de Vivienda Municipal… y otras muchas que quedan en los archivos del Ayuntamiento.
Seguramente algunos asuntos quedan en el tintero.

Pero lo más importante para mí ha sido el contacto directo con cientos de personas a las que he atendido, siempre en la medida de mis posibilidades, compatibilizando mi trabajo personal con la representación en el Ayuntamiento. De todos ellos guardo un grato recuerdo, así como de todos los compañeros del Grupo Municipal Socialista con los que he compartido estos años.
Sirva esta carta como agradecimiento a todos vosotros, por haber estado ahí, apoyando, criticando constructivamente, o simplemente, siguiendo nuestra labor.

A partir de ahora continuaré, como hasta ahora, con mi actividad profesional como arquitecto, y con mi tarea como profesor de urbanismo en la Universidad Politécnica de Cartagena. Desde allí intentaré transmitir a los futuros arquitectos de la Región de Murcia la pasión por un urbanismo diseñado a la medida de los ciudadanos, que genere espacios para la convivencia, la mejora de la calidad de vida y el respeto al medio ambiente.
Sigo a vuestra disposición para cualquier consulta que podáis requerir. Y por supuesto, sigo militando en el PSOE y tratando de construir un proyecto ilusionante.

Un saludo a todos y muchas gracias.

jueves, 2 de junio de 2011

Tranvía a ninguna parte

¿A dónde va el nuevo tranvía de Murcia? Sencillamente, a ninguna parte.
Está claro que uno de los problemas acuciantes de las ciudades del presente es la movilidad. Los problemas de atascos continuos y la dificultad de los ciudadanos para ir de un sitio a otro, que complican su vida diaria.
A esto le unimos el enorme costo económico y ambiental que supone la movilidad privada, cada ciudadano con su coche a cuestas a todos sitios.
Resulta que hace siglos nos agrupamos en ciudades para ser más cómodos, eficaces y sociables… y ahora estamos justo en las antípodas de esas intenciones iniciales. Y hay que buscar soluciones, pero el Tranvía de Murcia, no es la solución.
El tranvía de Murcia es caro: 9 millones de euros nos costará a todos los murcianos durante 40 años en presupuestos municipales: total 360 millones de euros. Más de 20 euros por habitante y año que pagaremos por ese tranvía, sin usarlo. Porque si lo usamos, añadiremos un euro por trayecto, por pequeño que sea.
El tranvía de Murcia no va a ningún sitio: está diseñado para favorecer el negocio de una universidad privada donde acaba un extremo de la línea, y de un centro comercial, donde acaba el otro extremo. Eso, y también para que los propietarios del suelo donde se van a edificar 3500 viviendas junto a Nueva Condomina, tengan más facilidades para venderlas.
Ahora podrán poner el cartel: “viviendas a 5 minutos de Murcia en tranvía”.
El tranvía de Murcia no sirve a los murcianos: los murcianos que se desplazan diariamente de pedanías al centro, se quedan al margen. El gran polígono industrial del municipio, al margen. El gran hospital de la región, al margen. Las estaciones de tren y autobús, al margen.

Foto: (cc) Pedro J. Pacheco (no copyright)

El tranvía de Murcia no permite la intermodalidad. No hay consignas ni aparcamientos de bicicletas en sus paradas. Las paradas no están conectadas con paradas de bus urbano e interurbano; más bien al contrario. Las paradas de bus van por las orillas de las avenidas, y las del tranvía por el centro. El viajero deberá bajar, buscar un paso de cebra, cruzar, ir a la parada del bus, y esperar que pase… lamentable.
El tranvía de Murcia, no recupera el espacio público para el ciudadano. Más bien al contrario, le roba espacio público. Hemos visto en ciudades como Zagreb, Amsterdan, Sevilla, Vitoria y muchas otras, cómo se han eliminado los coches de grandes avenidas, y se han dejado libres para el peatón en su totalidad, y compatibles con la bicicleta y el paso de tranvías por ellas. Todo un ejemplo de nuevo espacio público para disfrute ciudadano.
Si el tranvía de Murcia es caro, no va a ningún sitio, no sirve a los murcianos, no permite la intermodalidad y no recupera el espacio público… ¿por qué se empecina nuestro alcalde en construirlo e hipotecar nuestro futuro económico y nuestras calles para los próximos 40 años?
Será mejor que le pregunten a él… pero dudo que nos dé la verdadera explicación que sólo él conoce.

domingo, 10 de abril de 2011

Mobbing hipotecario

Hoy quiero reflexionar sobre un reciente fenómeno social, en preocupante expansión en los últimos tiempos en la España de la crisis, y ahora también en la recuperación.
Asistimos con alarmante frecuencia a las noticias, día sí y día también, sobre afectados por las hipotecas, que son presionados, hasta límites insospechados, por sus entidades financieras para abandonar la vivienda en la que habitan.
Lanzados a la caza de los clientes a cualquier precio, durante la década dorada de la especulación y el boom inmobiliario, las entidades no tuvieron reparos en vender hipotecas a todo tipo de clientes, saltándose a la ligera cualquier análisis serio de riesgos, y lo que es peor, ofreciendo cantidades muy superiores a las que el valor de tasación real de las viviendas aconsejaba.
Una vez llegados a la etapa de la crisis, y con la bajada de los precios del mercado inmobiliario, han descubierto que el valor de las viviendas no cubre, en muchos casos, la deuda que los clientes contrajeron, y que ahora no pueden satisfacer, bien sea por disminución de ingresos, o situación de paro.
Resulta paradójico que la legislación en España no contemple la posibilidad de que un ciudadano se libere de una deuda, cuando ésta es exclusivamente de carácter hipotecario, entregando a la entidad financiera el bien inmueble que sirvió como garantía para la constitución del préstamo. Máxime cuando fue la propia entidad la que estableció el valor del bien (en función de la tasación), la cantidad a prestar, y las condiciones del préstamo.
Así, miles de ciudadanos se ven ahora impotentes ante la precaria situación en la que se encuentran, al no poder hacer frente a los recibos de la hipoteca. Intentan, la mayor parte de las veces en vano, negociar con su entidad unas nuevas condiciones, un aplazamiento o período de carencia, una ampliación de plazo… en definitiva, una nueva fórmula de financiación que les permita seguir pagando y no perder su vivienda.
Un bien inmueble que, por otra parte, la mayoría de las veces supone su primera y única vivienda, como domicilio habitual. Una vivienda que está reconocida como derecho fundamental en el artículo 47 de nuestra Constitución Española.
Por lo tanto, se ven abocados a perder su vivienda, mediante embargo o dación en pago, con los consiguientes desahucios. Y el calvario no acaba aquí, puesto que la vivienda no cubre el total de la deuda, y la entidad seguirá exigiéndoles el pago de la cantidad restante, de manera indefinida.
Lo más grave del caso no es este vacío legal a favor de las entidades, y en claro perjuicio al ciudadano más desprotegido. Lo peor de todo, por lo que cuentan los afectados, son algunas de las prácticas que en ocasiones, algunas entidades podrían haber puesto en marcha para perseguir, coaccionar, hostigar, amenazar y conseguir que los ciudadanos abandonen su vivienda y sigan pagando la deuda restante. Estas prácticas, de ser ciertas y verificables, estarían muy cercanas a aquellas que realizan los propietarios de las viviendas de renta antigua, para que sus inquilinos se vayan, en lo que se ha denominado ampliamente como mobbing inmobiliario.
Es por ello que me atrevo a definir el concepto de mobbing hipotecario como aquella serie de comportamientos que podrían efectuar en ocasiones, algunas entidades para acosar a sus clientes hasta que abandonen sus viviendas. Entre estas prácticas, según lo que cuentan en sus blogs los afectados, encontraríamos las llamadas constantes a los afectados, sus familias hasta grados lejanos, búsqueda y rastreo de información personal en redes sociales (facebook, twitter…), llamadas y visitas a los centros de trabajo, embargos preventivos, comisiones abusivas, adquisición obligada de nuevos productos bancarios…
Todo muy al estilo de las películas americanas de gansters.
Todo sin que nadie todavía haya tipificado como delito estas conductas, como ya se hizo con las del mobbing o acoso inmobiliario, puesto que afectan seriamente a la estabilidad personal de las familias, y a la pérdida de su vivienda, un derecho fundamental del que nadie debería verse desposeído sin explorar otras fórmulas.
Y sobre todo, sin tener en cuenta que quienes dieron el préstamo, y establecieron la cantidad, deberían ser responsables ahora de sus imprudencias en el pasado.
Mientras tanto, que alguien vaya pensando en tipificar el mobbing hipotecario.

domingo, 3 de abril de 2011

En vía muerta

En estos últimos días he tenido la ocasión de comprobar en persona, la auténtica chapuza que supone la nueva avenida Fica – Beniaján, que coincide con lo que yo ya había vaticinado y denunciado reiteradamente antes de su inauguración.
Quizá pueda parecer duro el calificativo que acabo de expresar, pero seguro que si me permiten detallarles el estado de esta vía, coincidirán conmigo en que todavía se le podría calificar más duramente.
Desde el equipo de gobierno llevan años vendiéndonos día y noche, y mucho más desde el fichaje de la nueva concejala de Medio Ambiente, que apuestan por la “movilidad sostenible”. Y digo vendiéndonos, porque poco más han hecho; y porque como vulgares charlatanes de feria, todo aquello que nos venden, resulta ser inútil o totalmente falso al llegar a casa.
Así la avenida recién inaugurada consta de dos carriles por sentido para vehículos de motor, y una escasa y reducida mediana que separa los dos sentidos de circulación.
Y nada más.
Aunque parezca increíble, después de tres años de retrasos en su inauguración, no se permite otro tipo de circulación que no sea en vehículo privado.
No dispone de un arcén lateral que permita paradas momentáneas, por cualquier avería o contingencia urgente. Tampoco dispone de un bordillo de remate o un quitamiedos que la separe de las huertas circundantes, a casi un metro de desnivel. Ya saben, cualquier salida de la vía, acabará seguramente con un vuelo raso hasta las copas de los limoneros, o en el mejor de los casos, podrá aterrizar suavemente sobre la plantación de lechugas más próxima.
La vía no dispone del prometido paso subterráneo en el cruce con la avenida Miguel Induráin, lo cual multiplica el efecto barrera que ya se producía en el Cruce de los Dolores, al llegar los vehículos desde Beniaján al semáforo que regula esta intersección.
Como si transitaran por el cuarto anillo del “Infierno Dantesco”, los coches están condenados a vagar de un extremo a otro reiteradamente, sin posibilidad de parar, dar la vuelta, o salir hacia otra vía. Y como en aquél anillo, lo harán eternamente, porque la actual quiebra económica de este ayuntamiento no augura nuevas inversiones para los próximos años.
Todo ello, en una vía exclusivamente diseñada para el vehículo.
Porque tampoco existen aceras peatonales. Parece increíble, pero no las hay. Les animo a visitarlo, porque parece mentira que una avenida urbana, que conecta barrios como el Infante Juan Manuel, y pueblos cercanos como Los Dolores, el caserío de La Azacaya o el Rincón de Villanueva, con la pedanía de Beniaján, en un tramo de apenas unos kilómetros, no disponga de aceras para el desplazamiento a pie, ya sea por ocio o necesidad.
Si hablamos de movilidad en transporte alternativo, nada bajo el sol. No existe carril bici, ni posibilidad de instalarlo. Qué fácil hubiera sido para miles de vecinos de Beniaján, ir a Murcia en bicicleta, en tan sólo unos minutos.
Tampoco hay carril bus, ni reserva para la instalación de un futuro tranvía. De eso nada. Los vecinos de Beniaján y la cordillera Sur, siguen con su autobús de siempre, por la vieja carretera, y no dispondrán de tranvía. Seguramente porque siempre han sido ciudadanos de segunda categoría para este gobierno municipal.
¿Dónde queda la movilidad sostenible, señora concejala de Medio Ambiente? Si toda alternativa al vehículo privado sigue siendo el vehículo privado. Si no solucionamos los atascos y las carencias de vías rápidas del municipio de Murcia. ¿Dónde queda?
Por eso creo que esta vía ya nace muerta, porque sólo es un by-pass de Los Dolores, que desemboca y muere en la misma carretera de toda la vida.
La prometida vía urbana a lo largo de toda la cordillera sur, sin atravesar los pueblos, seguirá esperando sine-die. A los pocos kilómetros de entrar en este anillo dantesco, una curva cerrada nos devuelve a la realidad de Murcia: la de las carreteras del s.XVIII, reasfaltadas, parcheadas, llenas de curvas y semáforos, y atestadas de vehículos y retenciones.

lunes, 28 de marzo de 2011

Un Territorio Compartido

Estimado lector, inicio hoy aquí esta andadura, con la intención de compartir una reflexión semanal, y ofrecer mi punto de vista sobre los asuntos relacionados con la realidad política y urbanística de esta Región, desde la triple perspectiva en que la contemplo: como arquitecto, como profesor de urbanismo en la universidad, y también como concejal socialista en el Ayuntamiento de Murcia.
Y escribo estas líneas, convencido de que uno de los principales problemas por los que atraviesa la Región de Murcia, es la ausencia de una política global de ordenación del territorio, diseñada y pensada para garantizar un crecimiento ordenado, sostenible económicamente para el futuro y respetuoso con el medio ambiente.
El territorio es el gran tablero de juego en el que se ha desarrollado la partida de la especulación y el enriquecimiento rápido que vivimos en gran parte de la última década, hasta que la caja se quedó sin dinero, y muchos jugadores se retiraron, o quedaron incapacitados para seguir jugando.
Y el gran problema es que muchos consideraron que esto no era más que un simple juego de comprar, vender, ganar dinero, ganar más dinero o ganar mucho más dinero. Sin tener en cuenta que mientras tanto, sobre el territorio se iba dibujando un nuevo mapa, una nueva cartografía, la representación pura y dura de la década especulativa.
Una cartografía fragmentada, aislada, mal comunicada, que ha agravado los problemas de índole urbano o territorial que planteaba nuestra región antes del inicio de la década especulativa.
Así, hemos creado nuevas bolsas de marginación y pobreza en barrios y zonas donde antes no los había, hemos dejado incomunicados núcleos de población, hemos creado grandes extensiones de suelo plagado de viviendas, sin carácter urbano ni rural, sin personalidad, sin alma, en definitiva, sin vida.
Y todo ello a base de un consumo de suelo excesivo y desmesurado, en ocasiones pasando por encima de zonas de alta protección y valor ambiental, productivo o arqueológico. Y lo que es peor, un nuevo modelo urbano, exclusivamente basado en el transporte privado y en el consumo de recursos naturales absolutamente inadecuado e insostenible.
Mega-urbanización en el medio de la nada. Gea y Truyols. Campo de Murcia.
Y ahora que la partida se quedó frenada, paralizada y casi anulada ¿quién limpia el tablero de juego? La respuesta es aterradora: el tablero de juego de la realidad, el territorio, no se puede limpiar. Las fichas son de hormigón, las casillas están asfaltadas, y los dados son miles de coches que deambulan de un sitio a otro día a día, consumiendo tiempo y recursos de los que ya no disponemos. En definitiva, este es el territorio, desolador, que nos ha quedado, el territorio de la especulación y la crisis.
Y los jugadores desaparecieron, ya no están. Por mucho que lo intentemos, no van a pagar la factura que nos dejaron.
Ahora es el momento idóneo para pensar, reflexionar y actuar, antes de que empiece una nueva partida. Ahora es el momento de cohesionar, limpiar, ordenar, hacer racional este territorio y aprender a vivir en él nuevamente.
Y éste es el territorio en el que se moverán mis reflexiones en este blog, un territorio que quiero compartir con mis lectores: un territorio compartido.